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Renault Megane CC TCE, por Renting desde 464 €

El nuevo Megane Cabrio mejora en todo respecto a su predecesor, y con esta motorización turbo de gasolina y 130 cv ofrece un agrado de conducción excelente combinado con una favorable relación entre prestaciones y consumos.

El actual Megane Cabrio ha ganado mucho en imagen respecto a su predecesor.
El actual Megane Cabrio ha ganado mucho en imagen respecto a su predecesor.



FICHA TÉCNICA
PRECIO POR RENTING: 630 € + IVA
Motor:1.4 TCE
Potencia máx:130 CV
Par máx:190 Nm
Caja de cambios:Manual de 6 velocidades
Largo-Ancho-Alto (mm):4,48-1,81-1,43
Peso:1.500 kilos
Maletero (min/max):211-417 litros
Velocidad:200 km/h
Aceleración 0-100 km/h:10,7 seg
Consumo medio:7,3 l/100 km
Emisiones CO2:169 g/km
EuroNCAP:5 estrellas
Resulta complicado en un modelo con seis carrocerías diferentes dejar en todas y cada una de ellas el signo inequívoco del original, porque tanta diversidad de conceptos, aún en la uniformidad de un mismo segmento, induce a variaciones que pueden resultar desafortunadas y desubicar alguna de las versiones. Renault donde lo podía tener más difícil en la gama del Megane era, posiblemente, en el modelo coupe en su doble función de cabrio o descapotable. En la segunda generación, esta versión rompió moldes y las posibles similitudes con el resto de carrocerías había que buscarla con lupa.
 
Ahora, en la tercera generación ha incurrido en el mérito de que hay una fidelidad bastante próxima al boceto original y, pese a las lógicas diferencias, se aprecia enseguida que es un Megane con la fuerte personalidad que siempre emana de los coupes-cabrio.  Estos coches tienen un fuerte componente emocional que entra de lleno por los ojos; por ello, no es difícil colegir que las señas externas ponen todo el acento en la estética.

Imagen muy mejorada

Para empezar, en su comparación sobre el modelo de la segunda generación que, resultó muy aparente en su diseño, el de ahora abunda más en los ángulos y las curvas que concitan una imagen más musculosa y atlética. La delantera es gemela del resto de la gama, sobre todo, de las versiones sedán y coupe, que son las que marcan la pauta en toda las opciones Megane. En esta zona, el elemento definitivo en un guiño de desmarque sobre el resto de versiones está en la posición adelantada en 6 centímetros del travesaño del parabrisas. Un recurso estético digno de consideración, pero con alguna aplicación práctica menor porque la accesibilidad al interior queda algo penalizada

Desde el lateral remarca una imagen de carrocería baja, en la que una doble personalidad deportiva, a techo puesto, con otra elegante y sofisticada, a techo quitado, conviven en buena armonía. Esta visión del coche no deja tan a las claras la fuerte modificación de cotas operada en el nuevo Megane C.C., al que se le ha alargado en 13 centímetros la longitud y en 8 la distancia entre ejes respecto al antecesor.

Por detrás, un maletero extendido ocupa casi toda la superficie para dar cabida a la capota que, ahora, en el Megane C.C,. es acristalada en su totalidad y que se abate en dos módulos. La zona de carga permite unos interesantes 417 litros cuando el techo está puesto y deja libre 211 cuando se descapota y se aloja en la zona superior de carga. Queda pendiente una alusión a una arquitectura muy modernista de los pilotos traseros que invaden buenas partes del lateral y de la tapa del maletero.

Interior de brillante factura

El interior recoge casi toda la filosofía Megane, para no desenfocar la gama y aprovechar las sinergias de los suministros. Hay dentro un ambiente alegre que induce a conducir relajado, con los elementos bien agrupados para su fácil control visual y manual. La percepción de calidad y acabados puede estar mediatizada por la calidad al tacto de algunos plásticos. La posición del pasaje en la fila delantera es más que aceptable, pues hay margen en anchura y profundidad para bastante libertad de movimientos. No se puede decir lo mismo de la parte trasera, todavía excesivamente pegada a los asientos precedentes. A techo puesto, un adulto de mediana estatura viajará con el cuello humillado, sin remedio. En esta parte, sin embargo, hay que alabar lo bien que recogen el cuerpo los respaldos, un dato a tener en cuenta y que facilita mucho viajar a techo quitado.

El uso del techo gira en torno a la soberana facilidad de su manejo, pues es totalmente automático y en su despliegue se emplean únicamente 21 segundos. De serie, el Megane C.C. dispone de un pequeño deflector de plástico que cumple sobradamente con su función de aislar turbulencias a velocidades por debajo de los 90 km/h. Como opción se oferta una red antivientos que ocupa toda la parte trasera y limita obligatoriamente el pasaje a dos personas, pero, según Renault, garantiza una circulación sin molestias ni resistencias al aire hasta los 130 km/h.

Estupendo motor turbo

La función motriz es responsabilidad, en la unidad probada, de un motor gasolina de la alianza Renault-Nissan que, bajo ese nuevo concepto "downsizing", presenta una capacidad de 1.4 litros y una potencia de 130 CV. Sentadas las bases de sus características técnicas, en comportamiento, ha transmitido unas sensaciones inmejorables, por el refinamiento que ha demostrado en cualquier situación y unas respuestas que, sin ser espectaculares, infunden plena confianza al puesto de mando.

En su versatilidad permite guiados sin ahogos a muy bajas revoluciones para compensar algo unos registros de consumo elevados por razones que luego se explicarán. Por encima de las 4.000 vueltas es cuando demuestra más solvencia en el empuje hasta unas 6.500 revoluciones en que, sin venirse abajo del todo, pierde fuelle. El motor se regula mediante una caja manual de seis relaciones de
regímenes bastante extendidos en cualquier desarrollo. El manejo mediante la palanca es, en todo momento, de agradable tacto y la precisión en los engranajes, digna de resaltar.

Más dinámico que su predecesor


El Megane C.C. de la tercera generación aporta ganancias considerables en el comportamiento dinámico. La recuperación en el tren delantero del sistema de suspensión Pseudo McPherson es una de las consecuencias. En la estructura se han operado reformas al alza en un 80% en la rigidez estática a la torsión y un 30% en la dinámica. No quedan ahí las modificaciones, pues se han aplicado reglajes específicos a los muelles y a la barra estabilizadora, al tiempo que se han aplicado mayores firmezas en el eje trasero y en la amortiguación.

El resultado es una conducción totalmente predecible con una rodadura y fijación al asfalto plenamente garantizada y un reparto de los apoyos en la toma de curvas perfectamente equilibrados. Por si faltara algo, cuenta con los preceptivos sistemas electrónicos de control de estabilidad que apenas se dejan sentir por el buen trabajo operado en esta parte esencial del coche. Del resto de elementos de seguridad, hay que alabar una dirección que también ha sido modificada en la línea ya señalada de las versiones berlina y coupe, en tanto que los frenos prestan un servicio correcto sin más, con tiempos de parada y resistencia a la fatiga en lo que puede esperarse y desearse.

Posicionamiento competitivo

El precio de este tipo de coches es necesariamente alto por los sofisticados equipamientos del techo y por los bajos registros productivos que reducen las economías de escala. Con todo, el modelo de Renault puede presumir de un posicionamiento muy competitivo respecto a la competencia más directa. Y eso que en mejoras se ha situado por encima de la subida operada en la transición entre generaciones del modelo.


Videos adjuntos
  • Nombre: Renault Megane CC

    Descripción: Renault Megane CC






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