El Polo de Volkswagen presume de llevar la vitola de
Coche del Año en Europa, un triunfo que se extiende a la industria automovilística española, pues en una de sus plantas acoge la producción del más urbano de los modelos de la casa de Wolfsburg. La gama de arranque de la nueva generación del Polo no ha sido muy profusa en la dotación de mecánicas: tres en el ciclo diesel y dos en gasolina, pero, a lo largo de su vida útil, con toda seguridad, se añadirán nuevas opciones que nutrirán y enriquecerán la oferta.
El primer contacto con el nuevo Polo se hizo sobre la muy interesante motorización diesel de acceso, la
1.6 TDI de 75 CV. Toca ahora, en el retorno a las valoraciones, ver las sugerencias del ciclo gasolina con un propulsor clásico, con sistema de
inyección electrónica multipunto de 1.4 litros y 85 CV de potencia, lejos por tanto de los conceptos más novedosos de la inyección directa TSI y del "downsizing" o cilindradas bajas en connivencia con potencias altas.
Un motor muy lógicoComo primera impresión, anteponer a cualquier otra consideración las
gratificantes sensaciones que ha transmitido este motor, por ahora el más potente ofertado en el nuevo Polo, por lo que a la gasolina respecta, tanto en el orden de guiado, como de prestaciones tangenciales a través de un consumo sobresaliente que, en un test dominado por la carretera, se ha dejado un promedio de poco más de seis litros cada cien kilómetros.
Muy ligero, pues arroja un peso de sólo 95 kilogramos, este motor 1.4 recibe una
nueva electrónica y un novedoso sistema de inyección que le sitúan como uno de los mejores ingenios del mercado en esta horquilla de cilindradas bajas. En cuanto a su comportamiento, demuestra bastante uniformidad. Su talante es muy tranquilo por debajo de las 3.000 vueltas, aunque tiene poderío en las recuperaciones por debajo de ese umbral. Pasada esa línea se revela más contundente en sus reacciones, siempre dentro de una línea moderada, pues con sus características técnicas no se apunta a prestaciones más deportivas y radicales.
El cambio DSG como aliadoUn aliado del sistema motriz del coche es el cambio automático/manual secuencial
DSG de siete relaciones, basado en el sistema de cambio de doble embrague, mediante regulación hidráulica. Volkswagen se ha apuntado un tanto innegable con esta generación de transmisiones que, por suavidad y fiabilidad, han cambiado muchos prejuicios acerca de las cajas automáticas en el mercado español. Añádase a ese buen funcionamiento de
una caja sofisticada propia de segmentos superiores, su inclusión en un modelo más urbanita, en el que la estresante conducción en ciudad recibe una impagable ayuda con la renuncia a los continuos embragues y desembragues.
De esta generación de cajas DSG de siete velocidades se ha destacado la gran suavidad de las transiciones, si se opta por un modelo automático pleno, pero no desmerece en absoluto la elección manual, reducida a un simple movimiento de palanca (no dispone de levas en el volante) que deja mucho campo a la discrecionalidad del conductor en las operaciones de cambio, sin perder un ápice de esa suavidad. El fabricante alemán oferta dos opciones de cambios DSG en toda su gama de modelos: la de seis relaciones, dirigida a modelos de más alta potencia, y esta de siete, que encaja a pedir de boca, como ya se ha subrayado, en las versiones de cilindradas bajas y medias.
Estable y cómodo de conducciónRodar con el nuevo Polo es donde mejor se dejan sentir la innovaciones favorables que se han introducido. El fabricante ha optado por asegurar la arquitectura con
un rediseño bien definido del chasis, mediante un aumento de anchura de los trenes de rodaje. De esta forma, y con el concurso añadido de una modificación al alza en el ancho del coche, junto con una reducción de altura, se centra más el eje de gravedad, y es plenamente comprobable, cómo
se asienta al firme a las mil maravillas, con una rodadura muy estable y predecible en todo momento.
La dirección responde también con eficiencia a la modificación realizada con el desplazamiento hacia adelante de las ruedas delanteras, que facilita una obediencia plena del tren a los movimientos de volante. Los frenos ganan también en efectividad, sobre todo al modelo anteriormente probado (1.6 TDI 75 CV) por el concurso detrás de los discos en lugar de tambores.
Imagen similar a la del Golf
Las señas de identificación externa del nuevo Polo son un remedo del Golf, aunque en su parte delantera se dejan sentir bastantes trazos del Scirocco, y en la visión lateral, es agradable a la vista esa combinación de voladizo largo en la parte delantera y muy corto en la trasera. Se reitera como aspecto digno de mejora la estrechez de los asientos delanteros que impiden a conductores de buen tamaño una sujeción plena.
Por lo demás, una
ganancia en la longitud de cinco centímetros, tiene su refrendo en una
mejor habitabilidad, de la que es símbolo una más que aceptable separación entre filas de asientos y un maletero solo medianamente capaz, pero con la fortuna de un espacio debajo del piso con su lugar para una rueda de repuesto estándar. Hay en el entorno del coche una indiscutible sensación de buena terminación y calidad más que llamativa en sus elementos, así como una muy
cuidada ergonomía en las accesibilidades manual y visual a los instrumentos. Pero se percibe también con la misma rotundidad ese concepto espartano de la decoración que incita a un ambiente algo frío.
El nuevo Polo es
un buen compendio de la filosofía de Volkswagen de incidir en cualidades mecánicas y dinámicas muy favorables y plenas de innovaciones. Pero el apartado, puede que menos práctico, de algunos elementos de confort y, sobre todo, la dotación de equipamientos de serie, queda algo en entredicho. Máxime cuando los precios nominales se salen bastante de ofertas tan interesantes como
las de este fabricante. Pero
sigue siendo el líder indiscutible en Europa y la crítica se lo reconoce con un galardón de prestigio.