Hay coches que transmiten sensaciones poco definidas, ambiguas, puede que a causa de una desubicación de su filosofía, puede también que por multitud de percepciones encontradas que cuesta mucho ordenar. Renault ha aplicado una indefinición ¿a propósito? con la berlina Fluence,
en otro tiempo, la versión sedán de tres cuerpos y cuatro puertas de la familia Megane, pero ahora, por mor de la globalidad y de las tendencias mercadotécnicas, ubicado como berlina independiente.
Ocurre que esa jugada trae como consecuencia la apertura de otro interrogante que el mercado cerrará. Las cotas de este coche, e incluso el precio en algunas versiones, canibaliza claramente al modelo
Laguna, aparentemente, en un segmento superior y estandarte, en su tiempo, de unos retos de calidad que existen y se constatan, pero que el mercado no termina de aceptar con un espaldarazo de ventas.
Al margen de las jugadas comerciales,
el Fluence nace con una vocación global, pues se va a vender simultáneamente
en 80 mercados de todo el mundo, sobre todo en la zona de las llamadas economías emergentes, donde las formas de tres volúmenes de este coche tienen una gran aceptación como berlina familiar y de posición social. Algo muy parecido a lo que sucedió en España hará ahora unos cuarenta años.
Berlina tradicionalHecho el análisis sociológico del coche, en el test de prueba se perciben también ese cúmulo de percepciones a favor y en contra que hacen difícil su definición y un posicionamiento abierto. Empezando por las formas, por el dibujo, en el que
se nota un cuidado y atenciones especiales a los trazos del coche. Hay mucho de llamativo en un
capó largo y bien perfilado; en unos faros de diseño moderno y estéticamente aceptables; en unos
pasos de rueda vigorosos; y en una zona baja reiterativa en cuanto al juego y distribución de parrilla, spoilers y defensas. Atrae especialmente la silueta lateral que, por debajo de la línea de cintura, deja asomar un perfil de barquetta ciertamente estético. Por encima surge una zona acristalada amplia que potencia la vida a bordo del coche.
La trasera se define por si misma con la puerta de acceso a un maletero que deja alguna que otra historia oculta y desagradable. Se ve de inmediato que ha sido una zona trabajada con premuras y escaso interés y que requiere, cuanto antes, una actuación correctora por parte de la marca del rombo.
Interior bien terminadoPor dentro, las sorpresas agradables se multiplican con más regularidad. Es un coche producido en la planta turca de Bursa y al primer golpe de vista rompe con el prejuicio de que en una fábrica de país emergente hay que poner en cuarentena los criterios de calidad. Las
buenas sensaciones de terminaciones bien hechas y de elementos adecuados y puestos en su sitio dominan casi por completo el habitáculo. En la zona de información se puede contraponer que algunos testigos de la información del coche no se realzan lo suficiente en tamaño y llevan a una fijación que puede desatender la necesaria concentración cuando se circula. Llama la atención la posición elegida para los dispositivos del control de velocidad: en el túnel central. Es cuestión de familiarizarse, porque la accesibilidad es correcta.
Un nuevo contrapunto aparece en la comodidad de los asientos. Aceptable, sin más, en los delanteros porque la notable regulación del respaldo y del reposacabezas, se compensa a la baja con unas banquetas cortas. Sin embargo, la fila trasera de asientos ha cuidado bastante más esos componentes de confort. Siguiendo el orden de dibujo del coches, lo peor está en el
maletero. La
capacidad llamativa de esos 530 litros encuentra bastantes matices que relativizan el dato. Para empezar, la puerta de acceso carece de asidero para la apertura y el cierre, lo que obliga a tocar carrocería y tener una alta probabilidad de mancharse las manos. Se puede seguir con una intrusión excesiva, en la zona interior superior, de los brazos que mueven la puerta de acceso. Y lo más sorprendente, aunque escondido, se deja ver en la parte superior una mezcla inconexa de varillas y ganchos en una demostración fehaciente del poco esmero que se ha puesto en esta zona. Junto al buen registro de carga, mencionar que bajo el suelo hay un hueco para una rueda de repuesto convencional.
Sencillo y fiable motor 1.6 110 cv
De todo este juego de cal y arena, lo más regular se antoja el motor. La versión probada ha equipado un motor gasolina de
1.6 litros y 110 cv que, en conjunto, ha mostrado un comportamiento loable. Se mueve muy bien en desarrollos medios. Su empuje se detecta pasadas las 3.000 revoluciones. Por debajo tiene alguna carencia, pero no sufre ahogos que obliguen al cambio de marcha. El recorrido
por el cuentavueltas, sin espectacularidades, se solventa con una alegría comedida. Es, a partir de las 6.000 revoluciones, cuando el efecto vital toca a su fin. Coge las altas velocidades punta con facilidad y en ellas se mantiene sin insuficiencias dignas de mención.
El
silencio de marcha está en buena parte de los desarrollos, incluso al ralentí hay que cerciorarse alguna vez de que no se ha calado. Coge algo de ruido en registros altos de revoluciones. El cambio es
manual de cinco velocidades con desarrollos bastante largos en tercera y cuarta, pero acorta, quizás más de lo necesario, en quinta, con lo que parece asumir la condición ahorradora. Es una disposición más propia de los estilos de conducción de países emergentes.
En la asociación con el consumo, sale bien parado, porque un registros de gasto de gasolina que no ha llegado a 8,5 litros a los cien kilómetros es acta de lo bien aquilatado que está en ese aspecto. A un chasis bien construido en rigidez, que ayuda a facilitar una
pisada sólida y pasos de curva muy solventes, sin balanceos ni pérdidas de trazada, vuelve a oponerse otra contradicción: la de una suspensión algo blanda que en tramos de carretera poco cuidados induce a alguna que otra pérdida de adherencia al asfalto que se transmite con una leve sensación de flotación en el habitáculo.
De precios ya se ha hecho alusión al matiz extrañamente comparativo con el Laguna. La calidad de éste último es superior, con lo que el Fluence queda en una mala posición. Respecto a la competencia se sitúa en el baremo alto, pero el equipamiento de serie deja muy poco al azar. Vaya lo uno por lo otro.