El nuevo Grand Scenic TCE, por Renting desde 507 €
Este espacioso monovolumen de Renault ofrece un habitáculo muy amplio y versátil y un motor de gasolina de gran refinamiento de marcha. Sin duda, una interesante opción a tener en cuenta por lo que a familiares medios se refiere.
Más grande y de mayor calidad, así es el nuevo Renault Grand Scenic.
| FICHA TÉCNICA |
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PRECIO POR RENTING:
| 507 € + IVA |
| Motor: | 1.4 TCE |
| Potencia máx: | 130 cv |
| Par máx: | 190 Nm |
| Caja de cambios: | Manual de 6 velocidades |
| Largo-Ancho-Alto (mm): | 4,56-1,84-1,64 |
| Peso: | 1.532 kilos |
| Maletero (min/max): | 564/785 litros |
| Velocidad: | 190 km/h |
| Aceleración 0-100 km/h: | 12 seg |
| Consumo medio: | 7,1 l/100 km |
| Emisiones CO2: | 168 g/km |
| EuroNCAP: | 5 estrellas |
Renault tiene motivos sobrados para presumir de pionero e innovador en el mundo del automóvil con los monovolumenes compactos, un tipo de vehículo con el que abrió segmento hace diez años en la gama Megane por medio del Scenic. Como ha sucedido en las tres generaciones de esta gama no ha faltado a la cita el Scenic, en su doble configuración de carrocería larga (Grand Scenic) y corta. La primera se presenta, a su vez, en versiones de cinco y siete plazas y redobla su filosofía de coche práctico y familiar con más de cuarenta compartimentos portaobjetos con una capacidad global de 92 litros.
La solución de la dicotomía pasajeros-equipaje es también una salvaguarda de su modularidad, pues ambas se complementan de forma inteligente. Las dos plazas extras ubicadas en el maletero se colocan con suma facilidad y, aunque el habitáculo para estos dos pasajeros ha ganado en cotas de habitabilidad, quedan reservadas para ocupantes no más altos de los 1,75 metros de estatura. Los asientos se pueden retirar con igual facilidad y dejan un piso totalmente plano con un maletero con capacidad entre 564 y 702 litros en función del desplazamiento hacia adelante o hacia atrás de la fila central de asientos hasta en 17 cms.
Más grande que su predecesor
El Renault Grand Scenic de la tercera generación gana siete centímetros de longitud respecto a su predecesor, y casi treinta sobre la versión de carrocería estándar, lo que tiene de virtud en unas cotas de habitabilidad sobresalientes, pero el defecto, si puede llamársele así, de que prácticamente iguala largura con el Espace y llama, en cierto modo, a la canibalización de modelos. Como punto de partida inapelable, esta tercera generación del Scenic es superior en todos los aspectos al modelo anterior. Desde su aspecto externo, que es un esbozo fiel de los trazos de la gama Megane, a las particularidades de un diseño de modelo monovolumen que necesariamente tiene que romper con el resto de carrocerías de la gama Megane.
La impresión externa es que este modelo es muy largo y algo más bajo, lo que parece configurarle visualmente como más equilibrado entre monovolumen y berlina. De frente, se atiene al sello Megane como un clon, y en la zaga, la conjunción del portón y los grupos ópticos, da un resultado muy llamativo, sobre todo por lo bien que se incrustan, de arriba a abajo, estos últimos en la estructura. Lástima que la ventana de ese portón no sea practicable, para facilitar las tareas de carga. Es muy poderoso el dominio de la zona acristalada, lo que, aparte de la luminosidad para el habitáculo, faculta grandemente la visibilidad en la conducción en cualquiera de sus facetas: frontal, lateral o trasera.
Comodidad en los viajes
Es un coche concebido para viajar, por lo que los elementos de confort han recibido muchas y acertadas atenciones. Los asientos delanteros son cómodos en banqueta y respaldo y, para asegurarse sus atributos, recogen a la perfección. La fila trasera se ha cuidado mucho de ser plenamente capaz para tres personas. La distribución de la instrumentación está acorde con todas sus virtudes prácticas, añadiendo elementos tecnológicos como la pantalla de información TFT (personalizable) que es sumamente legible en cualquier condición de brillo de luz.
Nuevo e interesante motor TCE
El Grand Scenic estrena unos de los nuevos motores de la cuadra Renault: el 1.4 gasolina de 130 CV, con sobrealimentación, e incluido de lleno en esa opción de bajas cilindradas con potencias superiores. La actuación del turbo es muy discreta, pero se deja sentir por la rapidez de las recuperaciones. De su comportamiento, destacar un refinamiento prodigioso por su silencio en cualquier condición de exigencia. De sus prestaciones, alabar la uniformidad de sus aceleraciones y recuperaciones, nada estridentes, pero sí eficaces en todo momento y atentas a los requerimientos del acelerador.
La moderación de sus características puede tener el inconveniente de que a plena carga, la casi tonelada y media que hay que arrastrar más pasaje y bultos, deje en entredicho las buenas vibraciones conseguidas en unas condiciones menos exigentes. La caja manual de seis velocidades se acompasa perfectamente a los ritmos de marcha, aunque se podrían haber ensayado desarrollos algo más largos. La accesibilidad a la palanca facilita los cambios poderosamente.
De otros elementos como dirección y frenos hay que seguir en la alabanza de sus mejoras. La primera es muy precisa y perfectamente acompasada a los movimientos de ruedas. Los segundos no son para nada enfáticos en sus reacciones y se limitan a parar el coche en los tiempos y distancias adecuadas. Las buenas vibraciones también se apuntan al guiado del coche, gracias a las modificaciones introducidas en los trenes rodantes y, sobre todo, en el eje trasero, donde un esquema cerrado hace innecesaria la barra estabilizadora. El resultado es una pisada poderosa, muy bien anclada al firme, con unos apoyos dignos de mención, que aseguran con plena garantía y sin intrusiones de balanceos, cualquier tipo de trazada.
Buena relación calidad-precio
El apartado económico sugiere también alta nota porque el precio en el único nivel de equipamiento de esta motorización se coloca muy bien en referencia a la competencia y porque no falta una relación de elementos de seguridad equilibrada y bien seleccionada. El consumo se ajusta a los parámetros de la normalidad, siempre que se opte por una conducción reposada y tranquila, porque las alegrías con el pedal del acelerador castigan bastante el bolsillo.