Ruta por el Maestrazgo de Teruel
En esta ruta recorremos una parte del Maestrazgo turolense, en la que visitamos los maravillosos Organos de Montoro y las localidades de Eljuve, Pitarque y Villarluengo.
Villarluego es el punto final de esta preciosa ruta por el Maestrazgo turolense.
Ejulve es un pueblo de la provincia de Teruel que se encuentra entre Montalbán y Alcañiz. Para ir allí desde Zaragoza: Belchite, Lécera, Muniesa, Cortes de Aragón, Vivel del Río, Montalbán, y por La Zoma, a Ejulve. Si tenemos tiempo, todo lo que hemos pasado, vale la pena conocerlo, es muy interesante.
En la plaza de la Iglesia de Ejulve daremos comienzo a nuestra ruta, no antes de dar un paseo por este magnifico pueblo. Lo primero que nos llamó la atención, es que, casi todo, en este pueblo, se mueve alrededor del jamón: secaderos de jamón, almacenes de jamón, etc.... Nosotros decidimos probarlo, y así lo hicimos, en un magnifico bar (Fonda de la Plaza), y dando un vistazo al Heraldo de Aragón, nos comimos un gran bocadillo de este preciado alimento, tan típico de la zona. No nos defraudo en absoluto.
Eljuve, lugar ideal para comenzar la ruta
Exulve de antaño bien pudiera ser lugar de exilio o destierro de políticos discordantes de los regímenes de aquellas épocas, así nos comenta una señora con la que entablamos conversación. Hoy sin lugar a dudas es un sitio de parada obligatoria para dar comienzo a la ruta del Maestrazgo. Situado en una colina, cuya caída termina en un amplio valle, se observa desafiante de piedra y tapial, adornado por su “calvario” donde se encuentran, muy bien dispuestas, sus estaciones con el fin de recorrerlo todos los años en la Semana Santa.
Su Iglesia se adivina, al mismo tiempo, haber sido fortaleza, de las almenas de piedra situadas en la torre, se alza un capitel de ladrillo, no en muy buen estado, pero que le da un toque de originalidad digno de contemplar. El estilo es gótico renacentista, su portada es plateresca. En la placeta de entrada a la Iglesia se encuentra un arco de medio punto y una fuente, posibles restos de construcciones anteriores muy interesantes. Desde aquí da comienzo una vía que nos lleva a la cruz, pudiéndose observar una vista panorámica de todo el pueblo y contorno muy interesante.
Sus calles nos trasladan a otra época, se hacen visibles los arcos y portalones aragoneses, hasta llegar a su plaza, allí se puede contemplar, lo que seguramente fuese el hospital y al lado el soberbio ayuntamiento. El edificio es un ejemplar aragonés con cuatro arcos, donde se encontraba la antigua lonja, usada hoy día con el mismo fin los días de mercado. La fachada la remata una especie de espadaña donde se aloja el reloj y su campanil.
La maravilla de los Organos de Montoro
Con gozo nos fuimos dirección a Pitarque. Estabamos a 1.150 metros, aproximadamente, sobre el nivel del mar, y aquí es donde comienza la zona agreste del Maestrazgo. Entramos en lo que se denomina Cabezo de Ana y Sierra de Las Cofradías. La zona de la meseta que se encuentra entre Ejulve y Los Organos de Montoro es árida, no por estar carente de vegetación, en ella, aparte de roquedales, podemos contemplar el pino autóctono o Mediterráneo, el romero, la carrasca común de hoja pequeña, la sabina y más adelante el boj. A su vez podemos contemplar sus interesantes “Masadas” –así se llaman a las Masías por aquí– casas que han dejado de ser habitadas, algunas de ellas, no hace mucho. Son construcciones que se encuentran en el interior de las fincas.
Deslizándonos por una carretera deliciosa para conducir, muy poca circulación y abundantes curvas muy bien dispuestas, nos encontramos con la zona de los Organos de Montoro. El valle precedente es un encanto, el río Guadalope, por esta zona, es un arroyo de cristalinas aguas, caprichosas curvas y orillas pedregosas, un verdadero placer para hacer fotos. Por más que te digan de los Organos de Montoro siempre se quedan cortos, no es de extrañar que tengan fama internacional, siempre te sorprenden. Mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. Llegamos a un mirador y allí estaba la explicación: Son plegamientos naturales en una zona que anteriormente había sido un mar. No es de extrañar que en los pueblos de alrededor nos encontremos, en algunas fachadas y suelos, unas caracolas de quince centímetros de diámetro encarceladas en el cemento. Los Organos son, en realidad, unas agujas sobresalientes de la tierra, caprichosamente colocadas por la naturaleza, que desde cada lado hacen figuras diferentes.
Seguimos en dirección Pitarque
Nos desviamos a la derecha con dirección a Pitarque, por un valle de altos riscos y al lado del río del mismo nombre. En él, pudimos contemplar el criadero de truchas, es un trozo de río, que ensanchado, lo han “parcelado” con el fin de que estén clasificadas las truchas por tamaños. El lugar, aparte de ser precioso, es muy interesante. Seguimos el camino encontrándonos una parte sensacional; son los altos riscos y paredes de color marrón taladradas con el fin de que pase por allí la carretera, al lado el río, que por esta zona es más bello todavía. Paramos con el fin de contemplar tanta belleza.
Llegamos a Pitarque, aparcamos en su plaza y nos decidimos a visitarlo. Este pueblo se emplaza en dos colinas, en una de ellas se encuentra su Iglesia edificada en el 1818, a expensas de Fray Francisco Remiro, caballero de la religión de San Juan de Jerusalén; en la otra el resto del pueblo; en medio un valle que las delimita. Lo más importante de este pueblo se encuentra a cuatro kilómetros: el nacimiento del río Pitarque, vale la pena hacer esta excursión para poder deleitarse viendo afluir tanta agua en un paraje que es difícil de describir por su hermosura.
Villarluengo es nuestra meta
De camino, en una planicie de la sierra, nos detuvimos para contemplar, desde este ángulo, Villarluengo, muy bello. El pueblo está edificado sobre una gran roca; es un conjunto medieval, muy cuidado. Su Iglesia del año 1861 no tiene un estilo definido, no obstante, el conjunto con sus dos torres gemelas es muy agradable y muy bien construido. Detrás de la Iglesia se encuentra el Balcón del Forastero, donde se puede observar el valle donde discurre el río Palomita, la profundidad aproximada pudiera ser de doscientos metros, una vista preciosa.
Las casonas del pueblo se encuentra muy bien cuidadas, algunas en reconstrucción y otra construyéndose de nuevo, esto si, del mismo estilo. En la amplia plaza principal, se encuentra su Ayuntamiento de estilo renacentista, lo acompañan la lonja y el almudín. Debajo de la ermita de San Bartolomé, se encuentra el calvario con gran inclinación, de cerámica muy curioso. En este pueblo decidimos comer en la fonda del barrio de abajo, muy bien por cierto.
Texto: Florencio Pérez Saz (www.cochesseminuevos.com)