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Ruta por la Sierra de Guara (Huesca)

Al volante de un todoterreno recorremos algunos de los pueblos abandonados situados al norte de Huesca. En esta zona podemos observar el "Salto de Roldán", el Somontano y el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara.

Al norte de Huesca, recorremos una zona de pueblos abandonados cercanos a la Sierra de Guara.
Al norte de Huesca, recorremos una zona de pueblos abandonados cercanos a la Sierra de Guara.



Esta ruta da comienzo en Sabayés -pueblo enclavado en la sierra frente a Nueno- y para acceder a él elegimos el trayecto que une Huesca con Apiés y Sabayés. A escasos kilómetros de Nueno, se levanta el conjunto urbano de Sabayés, un pequeño núcleo que se estructura como plaza fuerte con asentamientos militares desde donde se vigilaba el importante paso que suponían los caminos del río Isuela.

Se conservan los restos de una torre militar realizada con sillarejo y mampuesto que pudieron pertenecer al conjunto del Castillo de Sabayés. Sobresale también la Iglesia parroquial de San Andrés, románica pero reconstruida entre los siglos XVI y XVII. Presenta nave única cubierta por bóveda de lunetos, dos capillas actúan a modo de crucero, lugar donde se puede apreciar su pasado románico. Al exterior se leva una gran torre de cinco cuerpos fechada en el siglo XVI y decorada con almenas triangulares.

Se puede observar la limpieza y el orden en que se encuentra, así como la reconstrucción de todo el conjunto Excelente lugar para llevar a cabo actividades deportivas como parapente, su riqueza orográfica permite practicar esta clase de deportes.

Preciosas vistas del Somontano

Continuamos dirección norte hacia las rocas llamadas “Salto de Roldán”, a la derecha, conforme vamos subiendo podremos disfrutar de unas excelentes vistas de todo el Somontano, Hoya de Huesca, Sotonera, y de la misma Peña Amán (al Este). Abajo, hallaremos el río Flúmen, que está encajonado entre paredones rocosos llamados Las Palomeras. Estos murallones, llegan a los 400 m. de fondo en vertical.  En la cima de la peña de San Miguel permanecen las ruinas del románico del s. XII que incluyen un aljibe, y delante la Peña Amán, constituyendo ambas el Salto de Roldán.

Podemos descender al río Flúmen tomando un camino a la izquierda, en la explanada del Collado de San Miguel. La ascensión a Peña San Miguel, nos costará un cuarto de hora aproximadamente, mientras que el descenso al río Flúmen es de menos de media hora.
   
Observando el profundo barranco del río Flúmen nos acercamos a un collado que nos cambiará de valle, éste un valle – barranco de la Barranquera donde se encuentra Belsué pueblo al frente y Belsué embalse a la derecha. Cuenta con un pequeño conjunto de viviendas acordes a las características de la zona generando un trazado irregular donde destaca la Iglesia parroquial dedicada a San Martín. Es curioso el estado en que se encuentra la herrería, nos comenta un vecino que muy pronto la van a reconstruir con el fin de adecuarla para que los visitantes vean como era este noble oficio.

El edificio original de la iglesia  de San Martín data del siglo XI siguiendo modos románicos, se trata de un curioso y poco visto modelo lombardo con testero recto.   En su interior, nos comentan, se conservan restos de decoración pictórica mural del siglo XIV con la temática de la Coronación de la Virgen. Una vez en camino, a la izquierda podemos observar los restos de un pueblo, se trata de Lusera. Enclavado en un lugar desde donde se apreciarán unas panorámicas envidiables de la zona.

El pueblo despoblado de Lusera nos muestra los restos de sus viviendas y sobretodo de su iglesia. Construida entre los siglos XVII y XVIII se compone de una nave techada con bóveda de lunetos y cerrada con testero recto. La cola del embalse de Belsué hace acto de presencia como indicándonos que le hiciéramos una foto, pues se encontraba hermosos de verdad. La carretera, en otro tiempo pista y en mal estado, nos introduce en una garganta muy frondosa, debiendo de parar en el algunos barranquillos dignos de observación.

Ante la Sierra de Guara

Una vez vencido el collado hace acto de presencia la sierra de Guara, imponente montaña adornada por sus impresionantes gleras de piedra pequeña. Iniciamos la bajada hacia otro valle, esta vez al valle de Nocito y en el centro, como si de un belén se tratase, el pueblo desperdigado por la pradera. Bello núcleo poblacional ubicado en plena Sierra de Guara rodeado de un paisaje natural excepcional.

Nos encontramos en la capital del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Su estructura urbana está dividida en dos barrios, el primero toma el nombre de la Iglesia parroquial de San Juan, tras cruzar un pintoresco puente medieval sobre el río Baíl llegamos al segundo llamado de Santa Marina con ermita de su misma denominación. Las viviendas de ambas agrupaciones presentan los rasgos propios de la arquitectura prepirenaica, viviendas realizadas con un buen trabajo en piedra, vanos arcaizantes y rematadas con monumentales chimeneas.

A todo ello hay que unirle los excelentes servicios que podría ofrecer al visitante la localidad, viviendas de turismo rural, zona de acampada y restaurantes podrían hacer de este lugar una base idónea para organizar diferentes excursiones por el entorno. No es así, pues en dos ocasiones hemos intentado comer en este pueblo, siendo inútil.

La leyenda de "El salto de Roldán"

Cerca de Huesca se puede visitar uno de los parajes más hermosos de la comarca, conocido como el salto de Roldán en honor a uno de los personajes más legendarios de la Edad Media, el valeroso caballero galo del también mítico Carlomagno. Parece ser que Roldán se encontraba en huída de Saraqusta, cuya conquista había fracasado, cabalgando raudo hacia su Francia natal. La persecución estaba siendo ardua y agotadora, y el noble galo se veía amenazado por varios flancos.

El acoso provocó que el caballero buscara una salida ascendiendo por la peña de Amán, que termina en un cortado cuya Foz recorre el río Flúmen. Roldán tiró con fuerza de las riendas, deteniendo el corcel justo al borde del precipicio. Los perseguidores, seguros de haber dado caza a su presa, hicieron cabriolas con sus caballos y dieron mandobles al aire antes de acercarse al héroe francés. Éste, para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso  que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel.

La leyenda dice que, debido a tal esfuerzo, el caballo murió en el acto, y Roldán tuvo que proseguir su camino a pie. Parece ser que no llegó muy lejos, pues se cuenta que cayó en Ordesa, si bien su mítica espada, Durendal, poderosa tal que Tizona o Excalibur, consiguió llegar a Francia al ser lanzada con rabia por el caballero, abriendo la que todavía se conoce como brecha de Roldán y que permitió al galo ver su tierra por última vez en su estertor de muerte.

Texto: Florencio Pérez Saz (www.cochesseminuevos.com)







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